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Jean Baptiste Toselli
"Cuando la locomotora hacía el café"

El momento histórico
El siglo XIX apenas había comenzado (1802) cuando en Tyolfil, Inglaterra, una locomotora a vapor logró hacer rodar un tren sobre una vía herrada. En 1825 fue inaugurado el sector Stockton-Darlington el primer servicio ferroviario de trasporte de mercancía. Solo cinco años más tarde algunos primeros temerosos pasajeros probaron la “alta” velocidad de los 20 km/h recorriendo el tramo Liverpool-Manchester. Las carrozas eran arrastradas por una humeante locomotora que mostraba la gran fuerza del moderno vapor.
Naturalmente todo el mundo celebró el nuevo mito del progreso extendiendo vías entre las ciudades, impresionándolo en los primeros daguerrotipos y construyendo estaciones monumentales, pero también reproduciendo el icono en simples objetos de uso común y doméstico.
Movimientos creativos entre los objetos de la época interesados por una desenfrenada manía hacia la búsqueda de las formas y funcionalidad no escapaban a aquellos destinados a la preparación del café. Durante el siglo XIX fue en efecto proyectado, patentado y construido todo aquello que se podía concebir sobre las metodologías para extraer la negra bebida y sobre relativas máquinas de café de uso doméstico. Ingenieros, artesanos de estaño y plata compitieron con el descubrimiento de la "máquina perfecta" que permitiera una fácil preparación, que fuera confiable y sobre todo que estuviera a la moda con los tiempos que se estaban viviendo. Fueron aplicados y experimentados los principios de la física de los líquidos, de la termodinámica, aprovechamiento del vacío y del vapor.




El arquitecto y el café
Con estas premisas en 1861 el arquitecto Jean Baptiste Toselli, francés de origen italiano y con residencia en París, patentó con el código 51920 su propia cafetera-locomotora.
Un preciado instrumento doméstico atrayente por su forma y sus materiales, fácil de usar y espectacular en su complicado sistema de funcionamiento a sifón de compensación.
El rito de la preparación del café, no más relegado a los muros de la cocina, se vuelve en un verdadero momento de teatro doméstico, completo de "deus ex machina" que entra en escena directamente sobre el palco escénico de las mesas nobles o burguesas para fascinar a los comensales de la época.
La novedad propuesta por Toselli no estaba tanto en la forma a locomotora de la cafetera, sino en los materiales con los cuales estaba construida y especialmente en su sistema de funcionamiento.
En efecto, ya en Marzo del año 1839, Adolphe Darru, artesano de plata parisino de Montmartre, proponía su modelo, así como lo hicieron en el año siguiente en Viena, los ingenieros Bottger y Wagemann con sus modelos de locomotora en plata y bronce.
Estos primeros modelos tenían una extraña forma como locomotora ya que las proporciones de los componentes estaban condicionadas por el funcionamiento de cafetera a filtro. El agua era calentada en el hervidor y a través de un tubo subía para mezclarse en otro contenedor con el polvo de café contenido en un filtro. En este punto, la infusión se recogía en la parte baja del mismo contenedor y se servía en la taza con un pequeño grifo.

Física y fantasía
Toselli proponía una cafetera con chasis en bronce dorado finamente elaborado y cincelado y el cuerpo de la máquina construido en cerámica de varios colores y decoradas según los gustos de la época. Además el sistema de funcionamiento no era simplemente a filtro sino con los más espectaculares y a la moda sifones de compensación que utilizaban el principio del vacío.
Ya otras cafeteras de la época utilizaban el principio "vacuum". La forma más simple consistía en dos balones de vidrio conectados verticalmente y sostenidos por un pedestal como un alambico de laboratorio. El agua sale de la esfera inferior para mezclarse con el polvo de café contenido en el balón superior. Cuando la pequeña hornilla en la base es removida, el aire de la esfera inferior se enfría creando un vacío que extrae inmediatamente el café del balón superior atravesando un filtro que retiene los residuos.
Dichas máquinas vieron luz en Francia alrededor del año 1840. La evolución sucesiva fue introducida con el sistema "Balance" o "Sifones de Compensación" en París (Gabet, 1844), Londres (Preterre, 1849) y en Viena (Reiss, 1855). El principio es aún aquel del vacío, pero respecto a los balones de vidrio, los elementos (caldera en cerámica y vasos de vidrio para el polvo de café) están ubicados en el mismo nivel y sostenidos por una estructura a balanza con contrapeso. La hornilla que calienta el agua contenida en la caldera tiene una capucha móvil que apaga la llama automáticamente. Por efecto del vacío en la caldera el café es extraído, dejando los residuos en el vaso de vidrio, y servido en la taza desde el grifo.




Las "cafeteras-locomotoras"
En su cafetera-locomotora Jean Baptiste Toselli dispone y armoniza en perfecta forma de tren, de cuarenta centímetros de longitud aproximadamente, los diversos elementos necesarios para el sistema de los sifones de compensación.
La estructura en bronce dorado de la base es montada sobre ruedas. Soporta en la parte baja la hornilla de alcohol y en la parte superior el cuerpo cilíndrico en cerámica de la máquina, además de una pequeña cesta finamente elaborada para contener fósforos, cucharitas o el azúcar.
El cuerpo en cerámica de la locomotora está dividido en dos contenedores autónomos y separados. El de color negro con decoración de puntos dorados es el cuerpo caldera (o hervidor). Está apoyado en un simple mecanismo de manera de poderse voltear ligeramente hacia atrás cuando se llena de agua y tener así levantada la tapa de la hornilla que está abajo.
El agua calentada es empujada, a través de un tubito de vidrio al sifón en el otro contenedor (de color naranja) colocado en la parte anterior de la locomotora. Éste es el recipiente que contiene el polvo de café. Así se inicia el proceso de infusión de la bebida. Su chimenea grande, y con forma ligeramente cónica, permite verter el polvo y permite también el paso del sifón de vidrio que tiene en su extremidad un largo filtro.
El cuerpo de la caldera, ya sin el peso del agua, se mueve hacia abajo y deja libre la tapa de la hornilla que se cierra sobre la llama, apagándola automáticamente.
Por efecto del vacío, que se crea con el enfriamiento del aire dentro de la caldera, el café es extraído inmediatamente, a través del mismo tubito de vidrio, del contenedor anterior dejando los residuos depositados.
La infusión de café está de esta forma contenida en el cuerpo de la caldera, desde la cual se vierte en la taza mediante un tubito que pasa por debajo del tren y un elegante grifo en el frente de la locomotora.
Cada momento del procedimiento de la infusión podía ser seguido por los comensales con el movimiento de vuelco de la caldera, el resoplido del vapor de la válvula de seguridad, el apagado automático de la llama y el paso desde el sifón de vidrio decorado del agua caliente primero y el negro café después.

Un precioso y demandado hallazgo
La limitada difusión a los pocos privilegiados de la época, la fragilidad del material y el bullicioso siglo y medio transcurrido hacen pensar que pocos ejemplares de la cafetera-locomotora de Toselli puedan haber sobrevivido hasta nuestros días.
Es verdad, por los conocimientos de quien escribe, que se cuentan no más de pocas unidades, todas celosamente custodiadas en museos o apreciadas colecciones privadas.
El modelo presentado en esta reseña está perfectamente conservado e íntegro en todas sus partes y mecanismos (incluida la frágil cánula de vidrio a sifón), está completo también el original folleto de instrucción. Presenta una particular fineza y cuidado en la elaboración del metal y una original coloración y decoración de los cuerpos en cerámica. El año de construcción hay que establecerlo por los particulares, inmediatamente después de 1864.
Es superfluo añadir que este precioso "juguete" representa el objeto del deseo de los pocos verdaderos coleccionistas de máquinas de café esparcidos por el mundo, "Le Violon de faïance" (el violín de faenza en el romance de finales del siglo XIX del francés Champfleury) de una seria y refinada colección dirigida a la puntual y científica búsqueda de la pieza significativa que cada época histórica ha concebido y producido, simplemente para hacer un buen café.

Mauro Carli (coleccionista - 3 de febrero de 2002)


 

 
 
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