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La historia de la máquina para café de bares en Italia se inicia en noviembre del año 1901 con el pago de la patente del primer modelo, estudiado por el ingeniero Luigi Bezzera de Milano. Se trata de una versión a columna, monumental, destinada a ser por mucho tiempo un modelo de referencia obligada por parte de las diversas casas constructoras. Anteriormente existía la costumbre de consumir esta bebida en lugares públicos, pero lo que distinguía una cafetera doméstica de una para bar era sustancialmente el factor dimensional. La idea de proyectar un mecanismo a vapor para preparar café siguió aquel proceso de mecanización que caracterizó la historia del proyecto industrial. A partir del siglo XIX se realizaron profundos cambios en la producción en serie, además de los cambios en los usos y hábitos de las personas. Si ya en la segunda mitad del siglo XIX se habían pensado, proyectado y reelaborado la lavadora, el lavaplatos, la aspiradora, y muchas herramientas más para mejorar la calidad de vida doméstica, es fácil imaginar cómo también en el sector de la gestión de restaurantes y, en específico del café se buscó la forma de optimizar la preparación de esta bebida y su consumo a través del empleo de instrumentos adecuados. En Francia, por ejemplo, Eduard Loysel de la Lantais estudiaba un modelo no solo para el consumo doméstico, sino también para locales públicos, a través de un sistema que permitía la preparación en poco tiempo de numerosas tazas de la bebida. Se trataba de equipos colosales y construidos en pocos ejemplares, todavía lejanos de aquellos modelos que llevaron la producción italiana del sector a ser famosa en todo el mundo. En efecto, el primer modelo estudiado en Italia, comercializado poco tiempo después el pago de la patente, constituyó un gran cambio. El ingeniero Bezzera inventó el mecanismo pero también encaminó hacia la “carrocería” del modelo llamado a columna, realizado en cobre y bronce y con forma cilíndrica. El lado técnico debía convivir con una estética atrayente, legada a razones de funcionabilidad de uso y de adorno, tratándose de un objeto de notable presencia, catalizador de los intereses de los clientes. Por razones funcionales, teniendo la caldera un desarrollo vertical, es evidente que la forma a columna resultara la solución más lógica para la construcción de la carrocería de la máquina expresa, y la elegancia del volumen así realizado, enriquecido por materiales brillantes y decoraciones con relieves hizo que emergiera desde los bancos de los bares, imponiéndose.
Después de la experiencia inicial de Bezzera y la aparición casi inmediata de Pavoni, en la trayectoria de esta invención que para decir poco protagonizó la época, surgen otras empresas destinadas a obtener a lo largo de los años amplios consensos gracias también a soluciones técnicas para garantizar una optimización de la preparación de la bebida. Entre los primeros en iniciar este fenómeno debemos citar la Victoria Arduino fundada por el torinese Pier Teresio Arduino, artífice de algunos perfeccionamientos técnicos y, sobretodo, de una envidiable organización comercial que en forma capilar ha difundido las máquinas en los cafés de todo el mundo. Sin embargo, desde un punto de vista meramente formal no podemos hablar de una verdadera evolución, en el sentido de que el modelo a columna perdurará, así sea con pequeñas variaciones, por casi cincuenta años. Lo que es importante resaltar es la elegancia de tales aparatos sobretodo teniendo en cuenta que su destino final era para ambientes públicos de un cierto nivel. Por esto, a partir de los primeros modelos que demuestran en cierta medida las influencias Art Nouveau que llegan más ligeras en Italia de los países transalpinos donde han recibido amplios consensos, se pasa en el transcurso de los años a formas “Decó” para seguir aquella evolución estilística que progresivamente influenció cada sector creativo. Por lo tanto la columna se enriquece primero de elementos floreales en las decoraciones, de esmaltes y bronce, obras de sabios artesanos, para pasar hacia elementos más geométricos, estilizados, al paso con los cambios de gusto. El periodo de la dictadura dio su contribución proporcionando puntos de partida a las ideas de los proyectistas que conjugaban elementos racionalistas (sin excesos) y sin aceptar decoraciones típicas de la época fascista.
Descuidando la estética de tales modelos, aún con las debidas mejorías del caso, la preparación del café utilizando estas maquinarias a vapor no garantizaba siempre óptimos resultados pues con frecuencia resultaba muy amargo. A finales de los años Cuarenta se resolverá el problema con un cambio importante: el funcionamiento a vapor vendrá sustituido por el funcionamiento a pistones. La invención es fundamental porque los nuevos modelos funcionaban con la exclusión total de vapor y preparaban una infusión únicamente de polvo de café y de agua hervida, permitiendo obtener una verdadera “crema de café”, más aromática, más sustanciosa y más densa de las normales. Se trataba prácticamente, con las diferencias del caso, de un tipo de “napolitana” mecanizada, que producía una calidad muy superior en la bebida con respeto a los primeros modelos con funcionamiento a vapor.
Entre los modelos más conocidos que utilizan ese sistema, la Gaggia modelo Clásica 1948. Siguiendo las huellas de estas innovaciones técnicas y estilísticas nacen y se desarrollan muchas casas productoras menos conocidas, pero no por esto menos interesantes. Entre ellas, las más famosas son Bezzera, La Pavoni, Victoria Arduino, La Cimbali, La San Marco, Universal, Faema y Gaggia. Son decenas y decenas, produjeron modelos significativos sobretodo bajo el perfil estilístico proponiendo al público líneas de acuerdo con las tendencias del momento. La línea original de importación americana, que involucró los sectores más variados de la producción con particular acento en aquel automobilìstico y en el de los electrodomésticos (desde la batidora hasta el frigorífico), ha influenciado también el mundo de la preparación del café sugiriendo formas curvas y envolventes, “carter” comparables a los detalles de auto o a juke-box, no necesariamente en estrecha conexión con específicas necesidades de uso. De cualquier modo es la espectacularidad del objeto en sí mismo por tener la mejor parte en los contenidos técnicos de los productos y eso es muy bien relevado por las riquezas de propuestas ofrecidas con los más variados efectos decorativos de seguro impacto en el público. Por lo demás el café era y es el producto más pedido en los bares y la máquina que permite su preparación debe tener un aspecto adecuado.
Entre el final de los años Cuarenta y los primeros años Cincuenta, la necesidad práctica y las razones de un panorama de proyectos diferente en cada sector de la producción industrial empujan a las empresas de máquinas expresas a orientarse hacia una producción siempre más industrial, de números mayores, para un público cada vez más vasto. El rito cotidiano del café y típico de cada Italiano (y no solamente) es consumido por un número creciente de clientes en los bares. La necesidad de orientarse hacia las grandes series y las ganas de cambiar y experimentar en un momento tan fuertemente creativo, después de los pesados años de la segunda guerra mundial, inducen a los productores a dirigirse a arquitectos y diseñadores para estudiar productos en línea orientados a las nuevas exigencias. La posguerra vio algunas de las indiscutibles obras maestras del diseño italiano desde la Vespa a la Lambretta, desde las experimentaciones con la goma espuma de Marco Zanuso para la Arflex, hasta la llegada de las materias plásticas y el nacimiento de Kartell. También en el sector de las máquinas de café presenciamos, gracias a la iniciativa de la Pavón, con el ingreso de Gio Ponti, una de las figuras claves en el panorama de la creación de proyectos (de la arquitectura, diseño y decoración) del siglo XX. Justamente con Gio Ponti observamos un cambio fundamental en la historia de las máquinas de café expreso: después de casi cincuenta años de su nacimiento la máquina cambia de aspecto radicalmente. Para la Pavoni se trata de la primera máquina dotada de caldera horizontal que sustituye aquella vertical de los modelos precedentes.
Con este modelo, el arquitecto no se limita a diseñar una elegante carrocería, sino que quiere dejar claramente en evidencia las funciones de cada parte de la máquina, poniendo en relieve los componentes, y valiéndose de elementos “aerodinámicos” adecuados para acoger con tales líneas envolventes, los grupos de suministro.
Este modelo, auténtico monumento de café expreso, representa todavía hoy en día uno de las piezas más difíciles de hallar y de mayor valor, precisamente por el cambio estético introducido en el sector. De la valiosa colaboración de Gio Ponti con la Pavoni nacieron otros interesantes modelos creados con el arquitecto Alberto Rosselli y con el diseñador Luigi Fornaroli, como la célebre serie Brasilia de 1961. Siempre Gio Ponti, fundador y director de la revista Domus, una de las más acreditadas publicaciones mensuales de arquitectura de los años Treinta, con el apoyo de la misma y de “Casabella”, otra revista histórica y de estilo, e Industria, recién nacida revista de diseño industrial dirigida por Alberto Rosselli, propone, por cuenta de la Pavoni un concurso para la realización de un nuevo modelo. El proyecto ganador, otro punto de partida en la historia de estas máquinas, es el modelo Concorso (definido posteriormente “Diamante”) de Bruno Munari y Enzo Mari. Estos dos proyectistas crean un modelo en el cual la carrocería está construida por elementos compuestos por laminillas estampadas, cuya capacidad de unión (proyecto muy importante para los diseñadores y origen de numerosos y afortunados proyectos tales como el sistema de aparatos para iluminación “Aggregato” de Enzo Mari para Artemide) hace posible variar las combinaciones de colores y usar un número diferente de los mismos elementos según las diferentes longitudes de las máquinas.
En 1961, después de una serie de modelos interesantes, Faema lanza al mercado la famosa E-61 que toma su nombre del eclipse solar de ese año. La E-61 es una máquina de “suministro” de las más difundidas. Con este sistema cambia la forma de hacer el café en los bares, introduciendo el estándar todavía en uso.
Del 1962, un clásico de los dos hermanos Castiglioni, Achille y Piergiacomo, es el modelo Pitagora para La Cimbali que llevó a los proyectistas el máximo reconocimiento italiano para un proyecto de diseño: el “Compasso d’oro”. Se trata de una etapa importante, la última en nuestra historia. Con la habilidad que caracteriza todos los proyectos de los Castiglioni, ellos lograron concebir un modelo en el cual el carter está completamente a encaje, garantizando, consecuentemente una manutención óptima y una mayor simplicidad productiva y abriendo de alguna forma el camino hacia un nuevo modo de concebir y realizar las máquinas para bares.
Texto extraido del libro "Espresso Made in Italy"
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